FUNDACIÓN. LOS PRIMEROS PASOS Y EL CAMPO DE ALGIRÓS
Año 1919. En el centro de la capital del Turia, en el Bar Torino, se gesta la iniciativa de crear un club de fútbol. El primer presidente del Valencia Football Club, Octavio Augusto Milego Díaz, fue elegido por azar: una moneda lanzada al aire sirvió para decidir entre él y Gonzalo Medina Pernás, quien finalmente se quedó con la parcela de la comisión constituyente y de festejos.
Milego y Medina trabajaron codo con codo en un pequeño establecimiento de la calle Barcelonina que, en un principio, hizo las veces de sede del nuevo club. Junto a ellos estaban en aquella primera directiva valencianista los hermanos Pascual y Julio Gascó, Andrés Bonilla, José Llorca, Fernando Marzal y Adolfo Moya.
Sin embargo, la decisión de estos pioneros del Valencia no tuvo repercusión social y mediática, porque los periódicos de la época apenas se ocupaban del deporte y, además, la situación sociopolítica de España era incierta. Antes de la creación del Valencia Football Club, el fútbol existía ya en Valencia, a pesar de que no había un club hegemónico en la ciudad. Parece ser que el fútbol llegó a Valencia de la mano de los que, vinculados a la exportación de cítricos, habían estado en Gran Bretaña, cuna del balompié. Este fue el caso de Francisco Sinisterra o Ramón Leonarte. De la misma manera, era bastante común ver a los marineros británicos en los puertos valencianos jugando con un balón. Ya en 1908, en Valencia había equipos como el Levante, Gimnástico, Hispania o Hispano.
Una vez constituido el club, el primer partido disputado por el Valencia fue en terreno ajeno. Se celebró en Castellón, el 21 de mayo de 1919. Su rival, el Gimnástico valenciano. El resultado fue favorable para estos últimos por 1-0. La primera alineación valencianista de la historia tuvo como protagonistas a Marco, Peris, Julio Gascó, Marzal, Llobet, Ferré, Fernández, Umbert, Martínez Ibarra, Aliaga y Gómez Juaneda.
El primer campo propio del Valencia fue el desaparecido Algirós, inaugurado el 7 de diciembre de 1919. Algirós fue escenario de los partidos del club hasta 1923, fecha en la que se empezó a jugar en el campo de Mestalla. El día de la inauguración del primer feudo valencianista el invitado fue el Castalia de Castellón y el resultado fue un empate sin goles. Al día siguiente se volvieron a ver las caras ambos conjuntos y el Valencia se impuso 1-0.
Poco a poco, el público se fue animando a acudir a Algirós para ver el espectáculo futbolístico. Por aquel entonces las entradas ascendían a 25 céntimos y las recaudaciones empezaron a ser suficientes para sufragar los gastos.
Durante los años 20, el espíritu de revancha y la tensión deportiva iban en aumento cada vez que se enfrentaban los diferentes conjuntos en el Campeonato Regional. En 1923, el Valencia se proclamó campeón regional y pudo participar, por primera vez en su historia, en la Copa de España. La progresión en los resultados del equipo demostraba que estaba en disposición de liderar el fútbol de la capital valenciana. Tres o cuatro años después de su fundación, el Valencia ya era el enemigo más temible por el resto de equipos y su afición crecía cada vez más.
La importancia del conjunto valencianista se vio refrendada al contar con jugadores de gran calidad, como Montes o Cubells, a los que se les quedaba pequeño el fútbol regional. La afición se dividió entre los incondicionales de uno y otro jugador, como si de dos toreros se tratase: por un lado, estaban los cubellistas, y por otro, los montistas. Esta rivalidad era buena para el equipo, ya que ambos futbolistas tenían un objetivo común: defender los colores del Valencia Club de Fútbol.
Arturo Montesinos, Montes, debido a sus características físicas (medía 1’90 m), era un jugador más agresivo que Cubells. Eduardo Cubells, mucho más técnico que el anterior, fue el primer jugador internacional que aportó el Valencia y el segundo de la Comunidad Valenciana, tras Agustín Sancho, un jugador de Cabanes que militó en el F.C. Barcelona.
Volviendo a la primera participación del Valencia en la Copa de España, en la capital del Turia se creó una gran expectación. El rival fue el Sporting de Gijón. El partido de ida se disputó en el campo de Algirós, que registró un lleno histórico. El resultado fue 1-0 para los locales, tanto anotado por Montes. Un mes después, el partido de vuelta se saldó con una derrota abultada (6-1) del Valencia en Gijón, aunque como la competición era por puntos se jugó un tercer partido, celebrado en Oviedo, en el que el Sporting se impuso de nuevo por 2-0.
A pesar de la derrota, el Valencia aprovechó la oportunidad de medirse con un conjunto importante a nivel nacional, lo que aumentó el número de seguidores del equipo che. Este progresivo aumento del interés por el Valencia provocó que los dirigentes valencianistas buscaran parcelas en venta para construir un nuevo campo para el equipo. Se encontró una que estaba emplazada junto a la acequia de Mestalla.
MESTALLA: EL NUEVO ESCENARIO DE LOS PARTIDOS
Ramón Leonarte fue el presidente del Valencia que firmó la escritura de compra del terreno de Mestalla en enero de 1923 y que costó 316.439 pesetas, una cantidad considerable para la época que se sufragó a base de créditos. El aforo del campo sería de 17.000 espectadores y el proyecto se le encargó a dos hombres ligados a la entidad valencianista: el arquitecto era Francisco Almenar, futuro presidente, y el constructor Ramón Ferré, que también era socio del club.
La inauguración del nuevo estadio tuvo lugarel 20 de mayo de 1923 y el invitado fue el Levante U.D. El resultado final fue 1-0 para el Valencia y el primer jugador que tuvo el honor de marcar en Mestalla fue Montes. Una semana más tarde fue un equipo escocés, el Dundee United, quien visitó Mestalla. Jugó dos días seguidos y ganó por 0-3 y 0-1, respectivamente Sin embargo, la decisión de estos pioneros del Valencia no tuvo repercusión social y mediática, porque los periódicos de la época apenas se ocupaban del deporte y, además, la situación sociopolítica de España era incierta. Antes de la creación del Valencia Football Club, el fútbol existía ya en Valencia, a pesar de que no había un club hegemónico en la ciudad. Parece ser que el fútbol llegó a Valencia de la mano de los que, vinculados a la exportación de cítricos, habían estado en Gran Bretaña, cuna del balompié. Este fue el caso de Francisco Sinisterra o Ramón Leonarte. De la misma manera, era bastante común ver a los marineros británicos en los puertos valencianos jugando con un balón. Ya en 1908, en Valencia había equipos como el Levante, Gimnástico, Hispania o Hispano.
Se puede decir que hasta 1923 no existía la figura del entrenador. Fue antes del inicio de la temporada 23-24 cuando el club contrató a un preparador checoslovaco, Anton Fivber, que fue el encargado de darle prestigio nacional al club de Mestalla. El trabajo del entrenador fue bueno, ya que promocionó especialmente la cantera, en un momento en que en este deporte se estaba imponiendo poco a poco la profesionalización.
En España se promovía, en esos momentos, la creación de una liga nacional que integrara a los mejores conjuntos del país. El Valencia tenía como objetivo participar en esa competición, pero al ser una entidad joven y no poseer un extenso currículum fue necesario esperar tres años para incorporarse a la Primera División. A finales de la década de los 20 aterrizó en el club valencianista Luis Colina, que ejerció de secretario técnico de 1928 hasta 1956 y cuya labor fue fundamental para cimentar los éxitos del equipo. Además de crear escuela, Colina se caracterizó por tener buen ojo para contratar a jugadores. Durante los años 20, el espíritu de revancha y la tensión deportiva iban en aumento cada vez que se enfrentaban los diferentes conjuntos en el Campeonato Regional. En 1923, el Valencia se proclamó campeón regional y pudo participar, por primera vez en su historia, en la Copa de España. La progresión en los resultados del equipo demostraba que estaba en disposición de liderar el fútbol de la capital valenciana. Tres o cuatro años después de su fundación, el Valencia ya era el enemigo más temible por el resto de equipos y su afición crecía cada vez más.
La Liga quedó dividida en una Primera y en una Segunda división. En Primera garantizaron su participación los seis campeones de la Copa de España: Athletic de Bilbao, Real Madrid, Barcelona, Real Sociedad, Real Unión de Irún y Arenas de Getxo, a quienes se les unieron los tres subcampeones de aquel torneo: Atlético de Madrid, Español y Europa. Había nueve equipos y faltaba uno para completar una liga que tendría diez equipos, y que tenía que salir de un torneo que enfrentó al Valencia, Betis, Sevilla y Racing de Santander. Los cántabros se ganaron el derecho a participar en Primera, mientras que el Valencia tuvo que jugar en la categoría de plata.
El primer campeonato de liga en que participó el Valencia -la temporada 28-29- contó, al igual que la máxima categoría, con diez equipos, que al final se clasificaron por el siguiente orden: Sevilla, Iberia de Zaragoza, Deportivo Alavés, Sporting de Gijón, Valencia, Real Betis, Real Oviedo, Deportivo de La Coruña, Celta de Vigo y Racing de Madrid.
El debut histórico del Valencia en la liga se produjo el 17 de febrero de 1929 en Mestalla, ante el Oviedo, con triunfo valencianista por 4-2. Ese día jugaron Pedret, Torregaray, Moliné, Salvador, Molina, Amorós, Pérez, Imossi, Navarro, Silvino y Sánchez. Imossi y Navarro marcaron un gol cada uno, mientras que Silvino anotó dos tantos.
En su tercera temporada en Segunda división el Valencia consiguió el anhelado ascenso a Primera, en una temporada 1930-31 en la que el conjunto dirigido por Fivber impuso su enorme superioridad. Los futbolistas que componían la plantilla del ascenso eran Cano, Villarroya, Conde I, Melenchón, Torregaray, Pasarín, Torres, Amorós, Arilla, Conde II, Imossi, Molina, Salvador, Costa, Navarro, Octavio, Perona, Picolín, Ricart, Rino, Sánchez, Torredeflot y Vilanova. Ese ascenso cerraba la primera gran etapa de la vida del club y abría otra de esplendor y de títulos. Tras cinco campañas de acoplamiento a la categoría, y el parón que supuso la Guerra Civil, llegaría la mejor década de la historia del equipo che.
EL VALENCIA SE HACE GRANDE

Tras la Guerra Civil, el Valencia se tuvo que adaptar a la nueva realidad. Muchos de los futbolistas que estaban en 1936 dejaron de pertenecer al conjunto che tres años después. Los militares también entraron, como en otros ámbitos de la vida, en el fútbol. En el caso del Valencia, en junio de 1939 fue nombrado presidente el comandante Alfredo Giménez Buesa, con Luis Casanova de vicepresidente. Entre los objetivos del nuevo régimen estaba la eliminación del profesionalismo, que consideraban una reminiscencia republicana. Otro puntal del valencianismo que sufrió las consecuencias de la contienda civil fue Mestalla, destrozado por los continuos bombardeos sufridos. Se acometió una remodelación y ampliación del estadio, que pasaría a tener una capacidad para 22.000 espectadores.
Con el traslado del comandante Giménez, la presidencia del club recaló en Luis Casanova. Con él llegaría la mejor época del club. En diez campañas, el Valencia obtuvo tres títulos de Liga y dos Copas, llamadas entonces del Generalísimo. El esplendor fue posible gracias a que se mantuvo la base de la plantilla anterior a la guerra, a la extraordinaria 'delantera electrica' que formaban Epi, Amadeo, Mundo, Asensi y Gorostiza, por la personalidad del presidente Luis Casanova, por la trayectoria en el banquillo de hombres como Cubells, Moncho Encinas, Pasarín y Jacinto Quincoces, por la recuperación del estadio de Mestalla y por la fundación del equipo filial: el Club Deportivo Mestalla.
Pero no hay duda de que el Valencia tenía un gran equipo, posiblemente una de las mejores plantillas que haya tenido nunca, con Ignacio Eizaguirre (Álvaro y Juan Ramón) y la delantera eléctrica, formada por dos jugadores valencianos y tres vascos. Esta plantilla conquistaría el primer gran título nacional para el club: la Copa de 1941, ante el Español. Era el primer triunfo tras dos décadas de existencia, y la celebración en la capital del Turia fue apoteósica.
Una Copa, un tercer puesto en Liga, varios internacionales en el equipo y una gran visión de futuro del club posibilitaron que el Valencia se hiciera un hueco entre los ‘grandes’ del fútbol español.
La guinda se puso en la temporada 41-42, en la que el club de Mestalla ganó por primera vez en su historia el campeonato liguero. Lo paradójico es que, en aquel entonces, tenía mucha más repercusión la Copa que la Liga. Pero sería injusto olvidar que en el torneo de la regularidad el Valencia hizo una temporada magnífica. Logró un auténtico récord de goles (85 en 26 partidos), hizo de Mestalla un auténtico fortín (sólo ganó el Atlético Aviación) y se mostró intratable. Además, su delantero centro, Edmundo Suárez, Mundo , fue el máximo goleador con 27 dianas.
Tras un paréntesis de una campaña, en la temporada 43-44 el Valencia volvió a hacerse con la Liga. En esta ocasión, el Valencia se mantuvo en lo alto de la clasificación desde el principio del torneo. En esta ocasión, solamente el Barça ganó en Valencia (3-4), en el segundo partido liguero y Mundo volvió a ser el pichichi, con 27 goles. La superioridad del Valencia restó emoción a la Liga, aunque dejó encantados a sus aficionados, que vieron cómo su equipo sumaba el tercer título en cuatro temporadas. Pero en los años cuarenta también hubo sinsabores para los intereses valencianistas. De hecho, el club de Mestalla es el único del fútbol español que ha perdido tres finales consecutivas. El Valencia fue subcampeón de Copa en 1944, 1945 y 1946, y lo volvió a ser en 1970, 1971 y 1972. Lo curioso es que las tres finales perdidas en la década de los cuarenta tuvieron el mismo escenario: el estadio Olímpico de Montjuïc. El estadio barcelonés fue considerado gafe por los aficionados valencianistas de la época. En la primera final el Valencia perdió 2-0 frente al Atlético de Bilbao, por 3-2 también ante el club bilbaíno en 1945 y por 3-1 ante el Real Madrid en 1946.
La tercera liga conseguida por el Valencia fue en la campaña 46-47, año en el que se instauró la quiniela. En esta ocasión, el Valencia tuvo que sufrir hasta el final para conseguir el triunfo. El inicio del campeonato fue malo y en la octava jornada el club che estaba a dos puntos del colista. Se llegó a la última jornada sin nada decidido y se tenía la sensación de que el Atlético de Bilbao iba a ser el campeón, aunque también tenían algunas opciones el Atlético de Madrid (que dejó de ser Atlético de Aviación a partir de enero de 1947) y el Valencia. En el último partido, el equipo, entrenado por Pasarín, se impuso 6-0 ante el Gijón. El resto de los rivales tropezaron. El Bilbao empató 3-3 en La Coruña y el Atlético de Madrid cayó en casa ante su eterno rival, el Real Madrid, 2-3. El Valencia fue campeón por su diferencia particular de goles con el equipo vasco, al que había ganado tanto en San Mamés como en Mestalla. Al no haber ni marcadores electrónicos ni los programas radiofónicos, el teléfono fue el que informó de la consecución de la tercera liga.
El final de la década de los 40 reflejó el cambio generacional que estaba sufriendo el equipo, en el que comenzaban a despuntar jugadores como Puchades y Vicente Seguí.
El Valencia había perdido sus tres finales anteriores jugadas en Barcelona. En la final de Copa de 1949, que enfrentó al Atlético de Bilbao y al Valencia, los valencianistas jugaron en la capital de España una final muy reñida que se resolvió con un gol de Epi y que ponía punto final a una generación de jugadores que habían sido muy rentables para el Valencia Club de Fútbol.
EL VALENCIA SE CONSAGRA EN EUROPA
El 2 de julio de 1961, con la ciudad de Valencia aún conmocionada por el fallecimiento del brasileño Walter en un accidente de tráfico ocurrido en la carretera de El Saler, Julio de Miguel Martínez de Bujanda accedió a la presidencia del club. Comenzaban así otros diez años buenos para la historia del Valencia. Al mismo tiempo, en el fútbol español se imponía una nueva necesidad: competir en los torneos continentales y demostrar el poderío midiéndose con otros conjuntos europeos.
Uno de los primeros éxitos del nuevo presidente fue que aceptaran al Valencia sen la Copa de Ciudades en Feria, competición en la que por aquel entonces se participaba por invitación, y no por una buena clasificación liguera. De Miguel, además, conseguía fichar a un gran jugador: el brasileño Waldo Machado, que daría grandes tardes de fútbol en Mestalla y se convertiría en uno de los máximos goleadores de la historia che. Sus golpes francos, sus remates inverosímiles y su fútbol alegre dejaron huella tanto en España como en Europa durante diez años. La pareja ideal de Waldo fue Vicente Guillot, que tuvo una carrera paralela a la del brasileño, con el que se entendió a la perfección.
Los éxitos europeos del Valencia han venido acompañados, por lo general, de ligas discretas. Eso ocurrió la temporada 61-62, en la que el Valencia aseguraba la victoria en casa pero fuera no conseguía arrancar ningún positivo. Acabó a doce puntos del Real Madrid, en séptima posición.
En la Copa de Ferias, el primer rival que había que superar era el Nottingham Forest, uno de los grandes del fútbol inglés. El partido de ida, en el City Ground de la ciudad británica, se saldó con un espectacular 1-5 favorable al conjunto che. Tras pasar la eliminatoria ante los ingleses, el siguiente equipo en caer fue el Lausana. El Valencia ya estaba en cuartos de final y el rival que le tocó fue el potentísimo Inter de Milán, al que derrotó en Mestalla 2-0 y empataron a tres en la capital lombarda.
El Valencia arrolló en semifinales al MTK de Budapest, venciéndoles por 3-0 en Valencia y 3-7 en Budapest, en una de las grandes goleadas europeas del conjunto valencianista.
En la final esperaba un viejo conocido: el Fútbol Club Barcelona. El triunfo fue histórico. El 6-2 endosado al Barça, en una final europea, enloqueció a los miles de aficionados valencianistas que llenaron Mestalla aquel 12 de septiembre de 1962. La final estaba sentenciada y en el partido de vuelta, en el Nou Camp, el resultado fue de empate a uno. En los dos encuentros de la final participaron Zamora, Piquer, Quincoces, Mestre, Sastre, Chicao, Héctor Núñez, Guillot, Waldo, Ribelles y Yosu.
El campeón de la Copa de Ferias reeditaría su título la temporada siguiente. Los primeros escollos fueron tres equipos escoceses: el Celtic de Glasgow, el Dunfermline y el Hibernians de Edimburgo. En semifinales tocó el Roma. Un 3-0 en Mestalla y una ajustada derrota por 1-0 en el Olímpico romano adjudicaron al Valencia el pasaporte para una nueva final.
El rival en la final fue el Dynamo de Zagreb. El partido de ida se disputó en la ciudad por aquel entonces yugoslava y tras adelantarse el conjunto local, el Valencia remontó por obra de Waldo y José Antonio Urtiaga. El partido de vuelta se celebró un 26 de junio de 1963 en Mestalla, donde 50.000 espectadores pudieron comprobar la superioridad del Valencia, que se impuso al equipo balcánico por 2-0, con tantos anotados por Mañó y Héctor Núñez.
La temporada siguiente el Valencia volvió a llegar a la final de la Copa de Ferias, esta vez tras dejar en la cuneta al Shamrock Rovers irlandés, al Rapid de Viena, al Ujpest Dosza húngaro y, en semifinales, al Colonia alemán. Tras superar a los alemanes con muchos apuros esperaba en la final otro equipo español: el Zaragoza de los cinco magníficos. A diferencia de la final anterior, el triunfo esta vez cayó de lado de los aragoneses, que se hicieron con la Copa por 2-1. Los dos goles maños fueron logrados por Villa y Marcelino, mientras Urtiaga hacía el único tanto valencianista.
El equipo che recibió un duro golpe en la final contra el Zaragoza. Esa derrota dio paso a tres años de incertidumbre, hasta que en julio de 1967 se conseguiría un nuevo título, esta vez la Copa del Generalísimo.
El Valencia seguía renovándose. Llegaba el turno para jugadores como Juan Cruz Sol y Pepe Claramunt. La incorporación de estos dos hombres fue clave para que el club de Mestalla volviera a ocupar un lugar importante en el fútbol español.
Con ellos, y con futbolistas como Waldo o el guardameta asturiano Abelardo, el Valencia llegó a la final de Copa de 1967. El camino fue largo y complicado, aunque las primeras eliminatorias, ante Cádiz y Betis, se salvaron con holgura. En cuartos de final, el Valencia tuvo que deshacerse del Real Madrid y, ya en semifinales, del Elche, otro club histórico de la Comunidad Valenciana. El Valencia estaba de nuevo en una final de Copa y tenía que verse las caras ante un antiguo rival: el Athletic de Bilbao.
Roberto Gil levantó la cuarta Copa en la historia del Valencia, al imponerse 2-1 en Madrid al conjunto vasco, con goles del paraguayo Anastasio Jara y Paquito. Esta nueva Copa del Generalísimo significó un nuevo regalo para los miles de aficionados valencianistas.
La temporada siguiente se produjo el debut del Valencia en la Recopa, competición en la que el Valencia pudo superar dos eliminatorias ante el Crusaders de Irlanda del Norte y el Steaua de Bucarest, mientras que cayó eliminado ante el Bayern de Munich, que ya contaba en sus filas con los legendarios Sepp Maier y Franz Beckenbauer.
Después de aquella Copa de 1967, el Valencia tuvo tres años discretos, hasta el inicio de la década de los setenta, en la que volverían los títulos.
LA ERA DE ALFREDO DI STÉFANO
Alfredo di Stéfano aterrizó en el Valencia en abril de 1970, en un momento malo para el club de Mestalla, sustituyendo al tándem formado por Enrique Buqué y Salvador Artigas. En esa temporada, el Valencia volvió a perder una final de Copa en Barcelona, esta vez ante el Real Madrid (3-1). Montjuïc volvió a ser un estadio gafe para los intereses del Valencia, que en esa final lo tuvo todo a su favor: el Madrid se presentaba a ese partido con una de las peores clasificaciones ligueras de su historia, en la primera parte cayeron lesionados Grosso y Amancio, pero los madrileños se impusieron finalmente.
La primera temporada de Di Stéfano al frente del equipo es una de las más intensas, recordadas y emocionantes de la historia valencianista y significó la última liga conseguida hasta la fecha. Di Stéfano hizo un conjunto nuevo, sólido y fuerte en defensa con hombres como Sol, Aníbal, Jesús Martínez y Antón, envolviendo a un seguro en la portería: Abelardo. Fútbol inteligente y preciso en el centro del campo, donde el punto de referencia era Pepe Claramunt; y una delantera ágil, rápida e ideal para el contragolpe que tuvo en Forment, Valdez, Sergio y Pellicer a sus piezas básicas.
La temporada 70-71 era la última que disputarían 16 equipos y tras los primeros partidos el Valencia era un serio aspirante a perder la categoría. Poco a poco, los resultados fueron acompañando y el Valencia se afianzó en la zona media de la tabla. El gran partido de ese campeonato fue el que se jugó en el Nou Camp. Allí el Valencia se impuso al Barcelona 0-2, con goles de Claramunt y Valdez, y Abelardo detuvo una pena máxima. Fue un espaldarazo para que el Valencia presentara sus credenciales para ganar el título.
Lo que más se recuerda de aquella temporada es el último partido de liga, disputado en Sarriá. El Valencia llegó como líder, con 43 puntos, mientras que el Barcelona y el Atlético de Madrid, que se enfrentaban entre sí, tenían 42 y 41, respectivamente. El equipo de Di Stéfano necesitaba un punto que no consiguió, ya que cayó ante el Español por 1-0, pero al empatar colchoneros y culés el título fue a parar a las arcas valencianistas. Muchos analistas coinciden en que el Valencia ganó su cuarta liga gracias a la solidez defensiva y a los únicamente 19 goles que recibió Abelardo.
Finalizada la liga, el Valencia afrontaba la Copa convencido de que se podía repetir el doblete logrado en 1944, El conjunto che llegó a la final, eliminando a Mallorca, Betis, Málaga y, ya en semifinales, al Sevilla. Llegaba a la final sin conocer la derrota, con dieciocho goles marcados en ocho partidos, como campeón liguero y con la moral por las nubes. El escenario fue el Santiago Bernabéu y el rival, un escocido Barcelona. El triunfo fue para el equipo catalán, que, en una gran final, venció a los valencianistas por 4-3. El Valencia no pudo poner la guinda a una de las mejores temporadas de su historia.
La consecución del título de Liga dio la oportunidad de estrenarse en la Copa de Europa, máxima competición del fútbol continental. El paso del Valencia por esta competición fue efímero, ya que superó al Luxemburgo y al Hajduk Split y en tercera ronda cayó ante el Ujpest Dosza.
A pesar de que posiblemente el Valencia tenía mejor equipo que el que ganó la Liga, en la temporada 71-72 sólo se pudo conseguir el subcampeonato. Era el vigente campeón, y todos los equipos le tenían muchas ganas. Las incorporaciones de Quino, Adorno y Lico mejoraron el potencial del equipo, aunque no fue suficiente para repetir el éxito de la anterior campaña y el campeón fue el Real Madrid.
Una vez más, el Valencia volvió a perder una final de Copa, esta vez ante el Atlético de Madrid por 2-1. Se adelantó Salcedo, empató Valdez y el gol de la victoria madrileña fue anotado por José Eulogio Gárate. Esta derrota supuso un nuevo revés para los más de 20.000 valencianistas que presenciaron el partido.
En 1973 se produjo el adiós del presidente Julio de Miguel, un año después de la muerte en Mestalla del gerente Vicente Peris, su mano derecha. Tras la marcha del presidente, el Valencia pasó por la Liga sin pena ni gloria. En la primera edición de la Copa de la UEFA, competición sustituta de la Copa de Ferias, el Valencia debutó ante el Manchester City, pero cayó en la siguiente ronda ante el Estrella Roja de Belgrado.
Francisco Ros Casares tomó el relevo de Julio de Miguel, con una directiva con mucha oposición que tuvo, como mayor éxito, la adquisición de los terrenos de Paterna, donde se ubicaría la futura Ciudad Deportiva del Valencia.
El fútbol español abrió sus fronteras, lo que permitió que cada equipo pudiera tener en sus filas a dos jugadores extranjeros, lo que finiquitaba el problema de los oriundos. Uno de los primeros en llegar a Mestalla fue Salif Keita, un delantero de Malí que venía de triunfar en el fútbol francés. El otro fichaje extranjero fue el austriaco Kurt Jara. La temporada fue mala y el Valencia ni siquiera participó en competición europea, hecho que no se producía desde su debut en 1961.
A pesar de que esta etapa fue muy complicada, el Valencia no dejó de contar con grandes jugadores en sus filas, como fue el caso de Johnny Rep, un magnífico extremo derecho holandés procedente de uno de los mejores equipos europeos del momento: el Ajax de Amsterdam.
Tras la era Ros Casares le llegó el turno a José Ramos Costa, proclamado presidente en enero de 1976. Bajo su presidencia, el club de Mestalla vivió una trayectoria deportiva marcada por los títulos de Copa en 1979 y Recopa en 1980, aunque desde el punto de vista económico el Valencia comenzó su endeudamiento, provocado, en gran medida, por las obras de remodelación de Mestalla para ser sede en el Mundial de 1982.
LA DÉCADA PRODIGIOSA
En las temporadas 2001/02 y 2003/04 el Valencia CF ha vivido algunos de los momentos más gloriosos de la historia de la institución, justo en el momento que se cumplía en el año 2004 el 85 aniversario del nacimiento de la entidad. Con la suma de dos Ligas, una UEFA Cup y una Supercopa de Europa, en este sexenio mágico se han logrado nada menos que cinco títulos de primer nivel y dos finales de UEFA Champions League.
Pese a la eclosión de los grandes presupuestos y los fichajes megamillonarios, el Valencia CF ha sido de largo el mejor de España en este inicio del siglo XXI y uno de los mejores del mundo. Una gran planificación deportiva, la permanencia de un bloque sólido y la seguridad y paciencia en el equipo en momentos puntuales han convertido al club que preside D. Jaime Ortí en uno de los referentes de este deporte en la actualidad.
Todo comenzó en la Temporada 2001/02 que trajo la conquista de la Liga 31 años después. El equipo tuvo las nuevas incorporaciones del técnico Rafa Benítez procedente del Tenerife y de Marchena, Mista, Curro Torres, Rufete, De los Santos y Salva. Con una pretemporada ilusionante, el comienzo de la Liga presentaba al Valencia CF como uno de los candidatos al título. Además en el primer encuentro se podría ver la verdadera medida del equipo.
Ese primer partido de Liga deparó una victoria importante, significativa. Ante el Real Madrid. Con contundencia y claridad. Lo que siguió un record de imbatibilidad de 11 encuentros consecutivos batiendo el que estaba vigente la temporada 1970/01, justo cuando se había conseguido la última Liga.
Sin embargo la conquista Liguera no sería un camino de rosas. Tras la derrota en Coruña ante el Depor el nueve de diciembre de 2003, el equipo estaba obligado a ganar al Espanyol en Montjuic para no quedarse descolgado. Tras ir perdiendo en el descanso por 2-0 un inicio de segunda parte espectacular volteó el marcador al definitivo 2-3 con un resultado que daría mucha moral al equipo en el futuro.
. Así, la segunda vuelta de la competición fue definitivamente histórica. El equipo de Benítez pasó una pequeña crisis tras perder en el estadio Santiago Bernabéu por 1-0 pero se sobrepuso a la adversidad y logró cuatro victorias y dos empates en los siguientes seis encuentros. Los partidos ante Las Palmas, Athletic de Bilbao, Alavés Real Zaragoza y sobre todo el soberbio triunfo ante el FC Barcelona dieron la seguridad suficiente al bloque para afrontar con garantías los 10 últimos encuentros ligueros, claves en una competición cómo esta.
Y en uno de estos encuentros fundamentales también se cruzaría el Espanyol. Con un resultado desfavorable de 0-1 y la expulsión de Carboni antes de llegar al descanso, el equipo se creció ante la adversidad y dos goles de Baraja hacían cruzar al Valencia CF del fino paso de la ilusión a tocar la gloria. Además la derrota del Real Madrid en Anoeta dejaba el título de Liga a tres puntos.
La estación final fue La Rosaleda. En una fecha que ya ha pasado a la historia del valencianismo, el 5 de Mayo de 2002. La expedición se recluyó en Benalmádena, cerca del escenario del partido para huir de la increíble euforia que se vivía cerca del equipo. Y vaya si se notó la confianza y seguridad de un bloque destinado a pasar a la historia. No se tuvo que padecer demasiado. Un gol tempranero de Ayala y otro con un suspense innecesario de Fabio Aurelio al borde del descanso certificaban la quinta Liga. ¡El Valencia era 31 años después campeón de Liga! El estadio del Málaga fue todo un torrente de emociones. Los aficionados fundidos en un eterno abrazo con sus ídolos, sonidos de traca que retumbaban en todo Andalucia, banderas blanquinegras y valencianas besando el cielo andaluz. Un escenario idílico que se repetía y se multiplicaba en la ciudad al ver a centenares de miles de valencianistas disfrutar como nunca lo habían hecho. Generaciones enteras de hinchas del Valencia disfrutaron toda la madrugada e incluso se desplazaron directamente al Aeropuerto de Manises esperando el vuelo de una expedición procedente de Andalucía y que arribó a la una de la tarde.
Toda la Ciudad enloquecida salió a la calle para recibir en un día lluvioso al Campeón de Liga. Pese al clima desapacible el Ayuntamiento, Basílica, Generalitat se vestiría de blanco y negro. El climax arribaría en el Camp de Mestalla. Con un comportamiento excelso de la afición, el equipo cerraría una jornada inolvidable que afortunadamente no se tardaría en repetir.
La conquista Ligera dio paso a una campaña 2002/03 que tuvo un sabor un tanto agridulce. El Valencia CF comenzó la campaña con la misma plantilla que fue campeona y con la vuelta a la UEFA Champions League como uno de los objetivos prioritarios. La Liga no tuvo un mal comienzo. De hecho en la jornada octava gracias al tanto de Fabio Aurelio el equipo sumó su quinta victoria en ocho partidos invictos y finalizó el año como el mejor conjunto de la primera división en un año 2002 glorioso tras la conquista Liguera. Sin embargo la campaña no finalizaría con los resultados apetecibles aunque sería una gran advertencia para el futuro.
De este modo la Temporada 2003/04 se planteaba como un reto. El Valencia Club de Fútbol acababa de quedarse fuera de la UEFA Champions League y se tenía que conformar con la UEFA Cup, un premio corto para la categoría de un equipo que había demostrado ser campeón. Su orgullo y ganas de volver a triunfar impulsaron un inicio de temporada histórica. Tras el empate ante el Real Valladolid, el equipo realizaría el mejor arranque liguero de la historia con seis victoria consecutivas ante rivales del calibre de Real Madrid, Atlético de Madrid, Málaga, Osasuna, FC Barcelona y Espanyol..
De este modo La Liga 2003/04 confirmaba un rosario de consecuciones de récords. Sumó 77 puntos consiguiendo 23 victorias, más triunfos que ninguno siendo el máximo goleador con 71 goles (una de las medias más altas de la historia de la institución), repitiendo como el menos goleado con tan sólo 27 goles encajados. Además fue considerado el mejor club del mundo el mes de abril entre otros numerosos títulos honoríficos que redondearon la conquista de la Liga solamente un año después.
Centenares de miles de personas salieron a la calle para celebrar este triunfo histórico y las imágenes del Aeropuerto de Manises recibiendo al equipo y su posterior recorrido por las calles de la ciudad dedicando el triunfo a la Virgen de los Desamparados y saliendo al balcón de la Generalitat y el Ayuntamiento, se mantendrán en la memoria colectiva del Valencianismo para toda la vida.
Mientras la Liga se conseguía poco a poco, otro tanto iba sucediendo en la UEFA Cup. El equipo abría el fuego ante el AIK Solna Sueco en octubre en una eliminatoria que costó más de lo previsto dada la fortaleza física de los suecos que estaban mejor en estas alturas de principios de temporada. Una doble victoria por 1-0 certificaba el pase a una siguiente ronda que enfrentaría al equipo de Benítez ante el Maccabi Haifa israelí.
El partido de Mestalla terminaría con un preocupante empate a 0. Además la situación bélica que se vivía en ese país dificultaba más aún la consecución de la eliminatoria. No obstante una justa resolución de la UEFA emplazó a que el encuentro se jugase en campo neutral, concretamente en Rótterdam. El resultado, concluyente, cuatro goles a cero y un paso más en el camino imparable de la conquista del título europeo.
En la tercera ronda depararia el Besiktas, el primero de los rivales turcos que se enfrentó al Valencia CF en su trayectoria. Otro resultado ajustado en el partido de ida (3-2) trajo la incertidumbre para el encuentro de vuelta en el infierno otomano. Sin embargo el carácter de campeones del Valencia CF de nuevo consiguió una victoria concluyente por 0-2.
En los octavos de final, otro rival turco, en esta oportunidad de nombre impronunciable pero que se había convertido en la revelación del campeonato. El Gençlerbirligi había eliminado hasta la fecha al Parma, Sporting de Lisboa y Blackburn Rovers con lo que el encuentro en el estadio 19 de Mayo no se preveía nada fácil. Sin embargo el 11 de marzo, fecha donde se jugó el encuentro, no se recordará precisamente por el acontecimiento deportivo sino por el atentado en Madrid que segó la vida a casi dos centenares de personas. Dada la magnitud de la catástrofe la UEFA estuvo a punto de suspender el partido pero finalmente se decidió jugar y que finalizó con otro resultado en contra de 1-0.
Otra vez en la vuelta se decidiría la eliminatoria. Y otra vez el equipo remontaría un resultado adverso con una circunstancia novedosa y adicional como fue el gol de Vicente en el minuto cinco de la primera parte de la prórroga que supuso el primer gol de plata de la historia de la UEFA. El resultado final, 2-0 a favor, otra eliminatoria sufrida y los cuartos de final ganados a pulso. A falta de cinco partidos, el Girondins de Burdeos era el próximo rival. El optimismo pues reinaba en el Valencia CF que en estas fechas por el mes de abril se había convertido en un equipo imparable. Y a fe que lo demostró en Burdeos derrotando con claridad a los franceses por 1-2 y dejando en franquicia el pase a las semifinales. Otro sendo 2-1 en el Camp de Mestalla y las semifinales en unos días. Nada menos que ante el Villarreal en el denominado “ Euroderbi”.
Sin duda fue la eliminatoria más apasionante de todas las disputadas. El primer encuentro se definió por la igualdad y la emoción pese a que el resultado de 0-0 fue injusto dado el fútbol desplegado por los dos equipos. El Valencia CF fue superior aunque se dio por bueno el empate. Además dado el clima de fraternidad que existió entre los dos equipos, parecía justo que el pase a la final se decidiera en una gran fiesta en el Camp de Mestalla.
Como se preveía fue otro encuentro vibrante, jugado de poder a poder y en donde la responsabilidad pesó en el desarrollo del partido. Un detalle, en esta oportunidad un penalti sobre Mista y la transformación del propio delantero, decidió la eliminatoria. Pese al acoso del Villarreal, de nuevo la solvencia defensiva del Valencia CF dejó la puerta a 0 y el resultado final de 1-0 trajo la apoteosis en el Camp de Mestalla y la fiesta en toda la ciudad. Ese jueves siete de Mayo fue una prolongación de la felicidad que embargó al equipo durante todo el mes. Pasase lo que pasase en Goteborg, sede de la final, el equipo ya había completado su temporada más dorada. La conquista de la UEFA Cup se veía, por lo tanto, como el broche de oro a una trayectoria impecable.
Pero el equipo viajó con la intención de ganarla y desquitarse definitivamente de las finales de París y Milán. Por eso lo vivido ese 20 de Mayo fue una invitación a la historia. Con un partidazo de todo el equipo, especialmente de Mista y Vicente, autores de los dos goles, el Valencia CF derrotó con contundencia al Olympique de Marsella y volvía a reinar en Europa después de la mítica Supercopa de Europa del año 80. Se acababa de cristalizar el primer doblete histórico de la entidad.
Como puntilla a este doblete, la Supercopa de Europa conquistada en Mónaco el 27 de Agosto de 2004 convirtió ese año en el más grande de siempre, y que fue ratificado el 11 de enero con el nombramiento del equipo como el mejor del mundo.
El último título sumado por la entidad se logró la temporada 2007/08 con la conquista de su séptima Copa del Rey. El equipo fue eliminando de forma sucesiva al Real Unión Club de Irún, Real Betis, Club Atlético de Madrid y en semifinales al FC Barcelona tras una victoria épica en el partido de vuelta disputado en el Camp de Mestalla que se resolvió con el resultado a favor de 3-2. La final, disputada en el estadio Vicente Calderón el pasado 16 de abril de 2008, la conquistó el Valencia CF gracias a un contundente 3-1 después de un inicio arrollador con dos goles de Alexis y Mata en los primeros 10 minutos, y la puntilla de Morientes a falta de siete para la conclusión del encuentro. En ese momento las gradas del coliseo madrileño, repletas de aficionados blanquinegros, pudieron explotar de alegría y celebrar de esta forma un trofeo ganado de forma más que merecida.